El dilema “Táctica – Técnica” en la formación y el entrenamiento.

En su libro “Futbol. Estructura y dinámica del juego”, Jorge F.F. Castelo afirma categóricamente que el fin en el juego es táctico.

“En este sentido, los comportamientos desenvueltos por los jugadores  en respuesta a las mutaciones permanentes de las situaciones de juego requieren de estos una aptitud de decisión y una aptitud de ejecución

Teissie (1970) subraya que “las cualidades técnicas de un jugador no se aprecian solamente en cuanto a la forma, sino también, y necesariamente, en cuanto al momento, orientación y velocidad de ejecución del procedimiento técnico”, que así deberá responder eficazmente a la situación momentánea de juego. Así, la acción (comportamiento, procedimiento) técnica individual no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para obtener una capacidad, que debe valorarse como la constante mutación de las situaciones (movimientos de los compañeros y adversarios) de juego: intención táctica. En otras palabras, la intención táctica es el fin, mientras que la técnica es un medio, y un medio no se puede concebir independientemente del fin al que se destina. Hugges (1980) refiere que “el futbol es juego de decisiones, y la velocidad de decisión con o sin balón es el elemento fundamental del futbol actual” (Castelo, Estructura y dinámica del juego. Editorial INDE 1999).

Pero hablar de táctica implica una serie de aclaraciones; no existe una sola concepción de táctica: podemos hablar de una táctica colectiva y de una táctica individual. Por táctica colectiva se identifican “aquellas situaciones de adaptación a la existencia de oposición en las que los deportistas han de escoger entre las diferentes alternativas, en función de sus contrincantes “(Riera 1989). Por táctica individual se considera “la elección del gesto apropiado en cada momento, tanto en ataque como en defensa, efectuado oportunamente a la velocidad conveniente” (Bárcenas y Román, 1991).

En muchos congresos y reportajes he escuchado a entrenadores afirmar “quiero  que mis arqueros sean buenos técnicamente, que dominen a la perfección los gestos técnicos, que no cometan errores técnicos”.

Se pone mucho énfasis en la cuestión de la ejecución y no en la toma de decisión, como consecuencia de esto vemos que el método predominante para entrenar al arquero es aislarlo de los compañeros y entrenarlo casi exclusivamente de manera analítica y por repetición, es decir descontextualizado del juego, predomina siempre el hecho de aprender a realizar el ejercicio y repetirlo, sin tener en cuenta que por todo lo dicho anteriormente, en el partido lo único que se repite es la incertidumbre y la variación del contexto en que han de resolverse las acciones.

Por lo expresado con anterioridad se puede inferir que una técnica depurada no es garantía de una buena decisión, repetir un gesto técnico fuera de contexto hasta automatizarlo, no sirve como método de entrenamiento.

Por otra parte la técnica también es algo creativo y dinámico que se adapta a los requerimientos del juego. En el básquet por ejemplo hasta la década del 50 se realizaban los lanzamientos con la técnica llamada “bañadera” es decir se tiraba la pelota desde abajo partiendo casi de las rodillas, así también se ejecutaban los tiros libres cuando se dieron cuenta que eran más fáciles de bloquear se cambio por la manera actual, en el tenis comenzó sacándose de abajo cuando la ejecución de arriba garantizo más precisión y potencia se la cambió.

En futbol hasta la década del 50 no era común utilizar el “chanfle”, y luego del Mundial 58 con la eficacia de la “folha seca”, casi una exclusividad del brasileño Didí, dominar estos fundamentos comenzó a hacerse una especialidad casi obligada a la hora de ejecutar algún tiro libre cercano al arco.

Con respecto al arquero la evolución técnica fue obligatoria ya que los cambios reglamentarios lo obligaron a incorporar nuevos gestos, el juego con los pies, si bien algunos lo utilizaban porque no estaba prohibido hacerlo, ahora es una obligación. Por otra parte a la hora de atrapar el balón y reincorporarse está muy de moda hacerlo con la técnica de “balanza” remplazando al cruce de piernas. “La de Dios”, creada por Hugo Gatti, rebautizada “El Cristo” en tierras mexicanas es una innovación técnica de mucha eficacia y de gran placer estético,  hoy en día con algunas modificaciones es la manera mas utilizada para realizar un achique en uno versus uno, garantiza amplitud de cobertura, evita tirarse con los pies hacia delante, aprovecha envergadura  y aplicada con talento suele ser infalible.

No obstante los aspectos tácticos del puesto son los que realmente marcan una evolución preponderante, los espacios a dominar son más amplios y las tareas también cambiaron si bien todavía muchos se niegan a incorporar los desmarques de apoyo, las coberturas y un seguimiento más dinámico del juego, los que las realizan marcan una notable diferencia con el resto. Esto obliga a que el arquero intervenga en situaciones que requieren mucha coordinación sobre todo con los defensores, debido a eso resulta indispensable que se entrene como parte de una unidad táctica junto con sus compañeros y no de manera aislada. Esto es algo que deben incorporar los entrenadores de arqueros de manera inmediata, algunos ya lo están haciendo y aquí es fundamental convencer a los directores técnicos ya que algunos son reticentes a hacerlo.

En etapas formativas es necesario realizar un quiebre, aun hoy existe una preponderancia a enseñar partiendo de los fundamentos técnicos es decir al arquero le enseñan a tomar la pelota en las distintas alturas como marca la ortodoxia, se repiten hasta el hartazgo para luego pasar a realizarlas en el arco, las dificultades se presentan según las posibilidades coordinativas para luego utilizarlas en el juego.

Otra visión es necesaria, a jugar se aprende jugando, la enseñanza debe comenzar por el juego mismo, si el arquero aprende a resolver con respecto a las situaciones del juego, seguramente su formación será más integral, cuanto mayor riqueza y experiencia de resolución de problemas y situaciones no conocidas tenga un jugador, mayor capacidad de respuesta tendrá ante las incertidumbres que le plantea el juego. De esta manera el aprendizaje se vuelve algo creativo de apuesta a la capacidad productiva del jugador, el buen entrenador solo deberá guiar la búsqueda, el talento decidirá por la resolución efectiva de la jugada en cuestión y la experiencia incorporará la estandarización táctica. Lamentablemente se confunde práctica con repetición, y estructurar ciertos aprendizajes no significa automatizar gestos, sino aprender a desarrollar ciertos recursos para utilizar en contextos y situaciones nuevas. Resumiendo puede decirse que el entrenamiento para el desarrollo competitivo requiere de practica abundante y variada acompañada de problemas a resolver antes que modelos a ejecutar.

La pregunta a responder sería ¿y la técnica cuando y como?, evidentemente de todo lo desarrollado se desprende que la técnica debe introducirse como soporte de la acción de juego, debe ser para obtener una mejora individual y colectiva en los niveles del juego, acciones individuales inteligentes y ajustadas en tiempo y espacio.

Aunque parezca demasiado intelectual, ponerse de acuerdo con los términos favorece cuestiones didácticas que resultan de vital importancia.

Muchas veces por una mala ejecución técnica se tira por la borda lo que fue una muy buena decisión táctica, por ejemplo si un arquero decide salir lejos de su arco fuera de su área grande para cubrir a un compañero superado, llega con buen timming, pero pifia su rechazo o ejecuta una mala opción de táctica individual, rechazar fuerte sobre el delantero, en lugar de tocar hacia el costado, se suele censurar la salida lejos del arco que fue una decisión acertada opacada por un gesto técnico mal utilizado. Aunque el resultado no sea eficiente no es lo mismo censurar toda la jugada que poner énfasis solamente  en lo que se realizo mal, muchas veces por un error que cuesta un gol muchos jugadores tardan en reponerse e incluso se cuestionan su manera de jugar. La búsqueda del estilo propio debe ir acompañada del entrenador sin que este imponga su estilo, así el jugador ganara en convicción y confianza en lo que va aprendiendo.

Diagramar entrenamientos abiertos variando las condiciones y parámetros para orientar el desarrollo de los mecanismos de percepción y reflexión, es el gran desafío de todo entrenador, por supuesto que este camino no es el más sencillo, pero estoy plenamente  convencido que hay más posibilidades de éxito haciéndolo de esta manera.

Marcelo Luis Álvarez

23/02/2013

Este trabajo ha sido inspirado en el libro “Repensando la educación física escolar”, Ángela Aisenstein (coord.). Ediciones Novedades Educativas.

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Psicologia del arquero

Este es un tema sobre el que últimamente abunda mucho material, estas dos notas pertenecen a dos profesionales con mucho recorrido, a los que tuve oportunidad de conocer y escuchar por eso las elegí para compartir con los lectores. Les recomiendo leer con mucha atención luego les daré mi opinión, como ex jugador del puesto y actual formador y entrenador.

Psicólogo de arqueros

Ese hombre viste distinto al resto de sus compañeros, y sufre más que ellos. Lo llaman “arquero” y ocupa el puesto más ingrato de un equipo de fútbol. ¿Cómo supera los errores que cuestan partidos y cuando todo el mundo lo mira como el único responsable? El cronista Daniel Riera visitó a Marcelo Roffé, un psicólogo de arqueros, testigo de algunos de los casos más terribles.

Por Daniel Riera

 

Juan Obelar
Sucedió el 7 de abril pasado y fue la comidilla de los colombianos futboleros: el jugador de Cortuluá Jhon Jairo Montaño, apenas delante del círculo central, pateó un tiro libre directo. El arquero de Millonarios, el uruguayo Juan Obelar, vio venir la pelota pero no atinó a reaccionar. Fue el segundo gol de Cortuluá y el comienzo del escarnio público para Obelar, quien no salió a disputar el segundo tiempo.

—La verdad es que no es un gol que uno diga es complicidad 100 por ciento del arquero, pero yo dejé caer la pelota y, en otras circunstancias la hubiese atacado antes de que cayera. Cuando quise reaccionar, se metió en un arco — me explicará Obelar por teléfono, con la elocuencia de aquellos que necesitan decir su verdad más que nada en el mundo.

Luego del encuentro, el uruguayo dijo que había pedido el cambio, porque no estaba en condiciones anímicas de seguir atajando. El entrenador de Millonarios, Diego Barragán, lo desmintió:

—Se repite un gol como el que le hizo Nazarith, de Santa Fe, por eso lo sacamos, no puede pasar.

—No escuché lo que dijo Barragán, tenía problemas mucho más importantes para ocuparme —dijo Obelar.

Le pregunté a qué problemas se había referido.

—Mi papá sufre de cáncer en la vejiga. Justo en la semana del partido lo operaron y al mismo tiempo mi mamá tuvo una parálisis en el brazo y la pierna. Se me juntó todo: también se desmayó mi hijo, pero eso no era nada. A esto sumale que hace varios meses no cobramos. Uno reacciona como un ser humano. Cuando comenté todo esto, no recibí ni siquiera una llamada de los dirigentes para darme aliento: nada de nada. En fin, hay que seguir, porque Dios sabe premiar al que no baja los brazos —dijo Obelar. Se despidió, emocionado, “agradeciendo que me hayas escuchado y que me hayas permitido contar lo que me pasa”.

Marcelo Roffé es un psicólogo especializado en deportistas, particularmente en futbolistas. Autor del libro Psicología del jugador de fútbol. Con la cabeza hecha pelota, entre otros, Roffé —quien llegó a trabajar con la Selección Argentina en el Mundial 2006— tiene un consultorio decorado con camisetas regaladas por sus pacientes-futbolistas, más algunas fotos con futbolistas famosos, más varios chistes gráficos que remiten a los aspectos psicológicos de la vida de un futbolista. Llego un poco tarde a nuestro encuentro: con amabilidad, pero con firmeza, Roffé advierte que a cierta hora deberá dar por terminada la entrevista para atender el llamado de un futbolista que juega en Europa. Muero por saber quién es, pero sé que no debo preguntarlo. Le pregunto si es cierto el lugar común que afirma que no hay puesto más ingrato que el de los arqueros. Roffé no duda:

—Por supuesto que sí. Veamos. a) Es el puesto más individual en un deporte de equipo; b) Si el equipo pierde, el derrotado es el arquero.

Si le hacen seis goles, aunque el arquero no tenga responsabilidad en ninguno de los seis, dirán: “El arquero se comió seis goles”; c) En el ambiente del futbol predomina el imaginario de que el arquero es tonto. Alguna vez, Hugo Orlando Gatti lo inmortalizó en una frase muy compleja de analizar: “En el puesto más bobo, soy el más vivo”. Te olvidás algo y los jugadores de campo te dicen: “¿Vos fuiste arquero?”. Sin embargo, el arquero está mucho más desarrollado intelectualmente que la mayoría de los jugadores. En mis 15 años de práctica en el campo deportivo, lo he comprobado. La mayor parte de los libros publicados por protagonistas del futbol fueron escritos por arqueros: Amadeo Carrizo, Schumacher, Esteban Pogany, Zubizarreta, Federico Vilar, Taffarel…

Norberto Verea
El prejuicio sobre el arquero como “bobo” que describe Roffé fue reflotado hace poco nada menos que por Diego Armando Maradona. “Hay un tipo que opina en un programa que se llama Hablemos de futbol y resulta que es arquero”, se burló el entrenador del seleccionado argentino. Su descalificación apuntaba al periodista Norberto Verea, quien atajó en equipos del futbol de ascenso argentino hasta su retiro en 1990.

—La idea de “el Gordo va al arco” o del arquero como “dueño de la pelota”, la derriba rápidamente el propio arquero del barrio, cuando les muestra a sus amigos o compañeros que está en condiciones de atajar —dice Verea, más conocido como ‘el Ruso’. Esa misma fantasía subsiste en el futbol profesional: a los arqueros se los trata como “el distinto” y al distinto como si tuviera una capacidad diferente, para usar un término políticamente correcto. Lo demás, bueno, es una frase poco feliz de gente que dentro de la cancha sintió felicidad y fuera de la cancha la ha perdido.

La felicidad es, para Verea, la clave del asunto, el derecho a defender por los arqueros cueste lo que cueste. “Yo nunca dejé de ser serio, aunque la gente creyera que era un payaso, pero me comía un gol y me dejaban diez fechas en el banco: era una especie de castigo por ser el loco que quería imitar a Gatti. ‘El Loco’ Gatti era el modelo: hoy no hay más arqueros como él, como Navarro Montoya, Burgos, Higuita, Campos… ¿Y por qué? Porque la línea que se bajó es que esos arqueros eran más vulnerables que los otros. Esta escuela, que se creó en Suramérica, se fue perdiendo, la fueron destruyendo… ¿Acaso los arqueros perdieron el derecho a ser felices? Vuelvo al psicólogo. Roffé me dice:

—El futbol de alto rendimiento está muy dramatizado. Hay poco espacio para divertirse con responsabilidad. Cualquier error grave puede costar la carrera de un arquero, eso obstaculiza la asunción de riesgos que conlleva este estilo de mayor placer lúdico… De cualquier manera, Federico Vilar, el arquero argentino del Atlante de México, sigue defendiendo esa escuela y escribió un libro, El arco de la vida, donde menciona a Gatti como su ídolo y referente.

René Higuita

Colombia pierde 1 a 0 ante Camerún y se juega el todo por el todo en el segundo tiempo suplementario. Higuita está adelantado, apenas detrás del círculo central. Lleva la pelota con los pies, intenta eludir al veterano delantero Roger Milla. El final es conocido: Milla le quita la pelota y empieza a correr. Cuando llega cerca de la medialuna, patea al arco libre. Es gol de Camerún: 2 a 0. Más tarde, Redín achicará la diferencia, pero será inútil. Colombia queda eliminada del Mundial 90. Han pasado 20 años. Llamo a Higuita por teléfono. René no quiere hablar. Con toda la amabilidad del mundo, dice que quiere mantenerse apartado de la prensa, adoptar un perfil bajo por cierto tiempo. Francisco Maturana, el entrenador de aquella selección, recuerda la escena: Higuita estaba tirado en el camerino, deshecho, mientras los empleados de la FIFA presionaban al entrenador para que saliera a brindar la conferencia de prensa.

Maturana no podía ver así a uno de los jugadores clave de su ciclo. Para levantarle el ánimo, le dijo simplemente:

—René: báñate y me acompañás a la rueda de prensa para explicar esa cagada.

Higuita se bañó, se vistió y salió a dar la cara. Según Maturana, de ese modo le puso la cara al problema y pudo pasar la página más triste de su carrera deportiva.

—No hay un buen arquero que no se haya comido goles tontos. Ese es el camino que tenés que transitar. No hay otro —dice Roffé—. ¿Te vas a equivocar? Sí. ¿Hay que tratar de reducir el error al mínimo? Sí. Pero te equivocás. Amadeo Carrizo, el arquero que estuvo 26 años en el arco de River Plate, dice en su libro: “Si yo fui bueno, es porque desconfiaba todo el tiempo de los defensores. Pensaba todo el tiempo que se iban a equivocar. Entonces, cuando se equivocaban, yo la sacaba”. Fíjate qué interesante el concepto. Se supone que tenés que confiar en tus compañeros y ellos tienen que confiar en vos, pero muchas veces vemos goles que son el fruto de desinteligencias y falta de comunicación entre el arquero y el 2.

— ¿Cómo trabaja usted con un arquero luego de un gol tonto?

—Ahí viene el trabajo de autoconfianza. Lo analizás con el video: “Cuando saliste en este centro, ¿por qué saliste?”. “No, bueno, porque pensé que iba a llegar”. “Pero bueno, a ver, ¿qué se te cruzó por la cabeza? ¿Saliste un segundo antes, un segundo después? ¿Practicás la salida?”. Ahí se juntan lo psicológico y lo técnico.

Norberto Menutti

Todo el mundo conoce a Norberto Menutti en la pizzería donde nos encontramos, en el centro de la ciudad de Lanús, en la provincia de Buenos Aires. Su melena enrulada, inusual en una persona de su edad, devela el physique du rol de un futbolista de la década de los setenta. Menutti fue campeón con el Deportivo Cali en 1974 como arquero suplente de Pedro Zape, y atajó en Junior de Barranquilla en 1975, pero las historias que vamos a contar —que remiten al mejor y al peor momento de su carrera— ocurrieron durante su paso por el futbol argentino. La primera está inmortalizada en el fabuloso cuento 19 de diciembre de 1971, de Roberto Fontanarrosa.

“Decí que ese día, Dios querido, yo no sé qué tenía el flaco Menutti que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día este flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ese, ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario”.

Sucedió en la semifinal del Campeonato Nacional de 1971, disputada en el estadio de River entre Rosario Central y Newell’s Old Boys, su clásico rival. Pese a que Central salió campeón, el partido es más recordado por los hinchas de Central que la propia final del torneo: todos los años se reúnen para evocar el gol de palomita que convirtió ese día Aldo Pedro Poy. Pero Menutti no estaba para hacer goles, sino para evitarlos.

—Se juega en la cancha de River porque se preveía que en Rosario podía haber muertes. Yo había jugado con Newell’s cuatro o cinco clásicos, no había perdido nunca. El día del partido lloviznaba, yo me levanto tempranito, voy al baño y siento un sollozo. Encuentro a Pascuttini, el capitán del equipo, un defensor nuestro que si venía un tren lo rechazaba de voleo. Y lo encontré llorando. Le dije: “¿Qué te pasa, Coco, por qué llorás?”. Resulta que el presidente de Central, el escribano Vesco, había ido a un banco en Rosario. Y el cajero del banco le dijo: “De esta caja salió un millón para el 1 y un millón para el 2”: el 1 era yo y el 2 era Pascuttini. Llamamos a Labruna (Ángel, el técnico), hicimos una reunión de todo el plantel en mi pieza, yo decía: “Me voy a mi casa, en este clima de sospecha no puedo jugar”. Y Labruna me dijo: “Flaco, a usted le hacen tres goles por debajo de las piernas y juega usted”. Y a Pascuttini, “usted hace dos penales, juega usted”, pero Pascuttini no quería jugar por nada del mundo. Lo convencí yo, le dije “Coco, vamos a ganar”.

— ¿Cómo fue la jugada que cuenta Fontanarrosa?

—Nosotros ganábamos 1 a 0. Córner a favor de ‘Ñuls’, salgo mal, la pelota se me abre con el viento, me quedo parado en el borde del área chica, se mete Silva y me cabecea de pique al suelo. Entonces quedo mirando para el otro arco, en el palo estaba Gonzalito y no llegaba a cerrar. Tuve la suerte de que la cancha estaba pesada y en vez de hacer patito y salir como bala, amortiguó un poquito. No me quedó tiempo para nada y me tiré de nuca hacia atrás. Le pegué un cachetazo a la pelota y la mandé por arriba del travesaño. Cuando caigo se me parte este diente, ¿ves? (dice, y lo que muestra en realidad es la ausencia del diente) con el cocazo que pegué en el suelo, sangre y todo eso, y me levanta del suelo el propio Manolo Silva…

Menutti sobrevivió a una sospecha injusta, pero no a dos. En 1976, tras su paso por el futbol colombiano, regresó a Argentina para terminar su carrera en Los Andes.

—Fue un partido contra Almagro. Me hicieron dos goles de tiro libre, uno se desvía en la barrera, en un compañero mío, y la pelota se mete en el otro palo. Y el otro me la clavó en el ángulo: fue un golazo.

—Yo había escuchado que se lo comió.

—No, nada que ver. Me la clavó en el ángulo, me dejó parado. Y salió un grupito y me gritó “vendido”. Podía entender que me gritaran cualquier taradez, “andate, viejo choto”, pero vendido no, eso sí que no. Así que me saqué los guantes, los tiré adentro del arco y me fui a la mierda. No jugué nunca más.

Los arqueros suicidas

Tras el suicidio del arquero alemán Michael Enke, en un artículo publicado en el diario argentino La Nación, el periodista Ezequiel Fernández Moores acuñó una escalofriante estadística: “De los nueve casos de suicidios durante los últimos años en el futbol argentino cinco son arqueros: Osvaldo Rubén Toriani (campeón de la Libertadores 64 con Independiente y que había sufrido la muerte de un hijo pequeño) se mató en 1988 inhalando gas tóxico; Alberto Vivalda (lució en Racing y Chacharita) se arrojó a las vías del ferrocarril Mitre en 1994; el tucumano Luis Ibarra (Tigre) se fue de la concentración en 1998, mató a su esposa y se arrojó de un décimo piso; Sergio Schulmeister (Huracán) se ahorcó en 2003 en su casa de Boedo, y, por último, Mariano Gutiérrez (San Martín de Burzaco) también se ahorcó en su domicilio, en 2008”. Para Marcelo Roffé, el dato no es nada casual.

—La percepción del fracaso en los arqueros es más alta. Es el puesto que vos decís: “Este hoy me salvó” u “hoy me hundió”. O sea, tenés que partir de que vivimos en un exitismo globalizado. Siempre se van a buscar salvadores o culpables. Entonces, si el arquero no tuvo una gran faena, va a ser “culpable” y si es “culpable”, las presiones que tiene son mucho mayores a las de sus compañeros.

Pedro Romoli

El Club Atlético Lanús juega en su cancha la primera final de la Copa Conmebol 97 y aspira a retener el título que consiguió en 1996 ante Independiente Santa Fe de Bogotá. Esta vez su rival es el Atlético Mineiro. El arquero de Lanús es Pedro Rómoli: el entrenador Oscar Garré pone a Burela para el torneo local y a Rómoli por la Conmebol. No ha hecho un mal torneo Rómoli. Hasta ahora. A los 15 minutos, Lanús va ganando 1 a 0. Hasta que…

—…nos empatan sobre el final del primer tiempo, sacan un tiro de mierda y se me mete por debajo. Terminamos perdiendo 4 a 1 —dice Rómoli, desde Granada, España, donde reside actualmente. Mis compañeros me dijeron dale, no pasa nada. Y es así: no pasa nada. Se equivoca el que juega, el que no juega, no.

—Ese torneo fue fatal para vos, te dieron el pase libre en Lanús y nunca más volviste a jugar en equipos de primera división.

—Yo no lo veo tan terrible. Jugué en el Torneo Argentino con el Grupo Universitario de Tandil, me fue bien, después fui a jugar a España a tercera división en el Granada, ascendimos a segunda, me quedé en este país… Yo no me quejo: somos profesionales, vivimos del futbol, nos pagan bien… Rómoli está jugando el último año de su carrera en Granada y es, a su vez, ayudante de campo de su ex compañero Óscar Mena, otro ex jugador de Lanús, en el Antequera de Andalucía.

— ¿Existen técnicas psicológicas que ayuden a los arqueros a reducir el margen de error?

—Tenemos distintas técnicas psicológicas —explica Roffé—. Cuando la pelota está de la mitad de la cancha para el arco rival y tu equipo está al ataque, hace falta un autodiálogo y una manera de moverte en el área que te permita seguir concentrado. “Estoy muy bien, me preparé muy duro para este partido, cuando me ataquen voy a responder bien, etc. A esto lo llamamos “autodiálogo de motivación y autoconfianza”, en función de las metas fijadas y el entrenamiento. Eso te permite estar conectado, no irte del partido. Y cuando la pelota cruza la mitad de la cancha hacia tu arco, tenés que trabajar con voces cortas y precisas a los defensores, “no los dejes patear”, etc. Se agachan y ya están concentrados, hablando para prevenir que les pateen. La concentración es central. Todo eso se trabaja con distintas técnicas, a fin de que el arquero confíe en sus propias condiciones. También trabajamos con la visualización, ver con los ojos de la mente: una vez un arquero me dijo: “si la saqué del ángulo en el tiro libre con la yemita de los dedos es porque la noche previa lo había visualizado”.

Miguel Reina Santos
Miguel Reina Santos es uno de los grandes arqueros del futbol español. Conserva hasta hoy el mayor invicto de la historia del Barcelona: 823 minutos sin que le conviertan goles. “Imagínese el récord que tendría si me hubiera tocado este equipo del Barcelona: si me contratan, me comprometo a bajar 20 kilos y a usar lentillas”, bromea a la distancia. Como arquero del Barcelona obtuvo dos Copas del Generalísimo (actual Copa del Rey), y en el Atlético de Madrid obtuvo la Copa del Generalísimo y la Copa Intercontinental en 1974 y fue campeón de liga en el torneo 1976-1977. Sin embargo, las razones por las cuales se lo recuerda son muy distintas. La primera es que una tarde desafortunada lo conminó a atajar para el Barça… ¡solo de visitante! Fue en 1970, tras un partido fatídico en el Camp Nou contra el Dínamo de Moscú, que Barcelona perdió 5 a 0 en su cancha.

—La temporada anterior había jugado Salvador Sadurní… El día antes de ese encuentro había salido una entrevista a Sadurní, donde él comentaba que, como catalán y como barcelonista, le dolía tremendamente no haber jugado un solo encuentro. Si a eso acompañamos que me mandan cinco goles, pues me llevé todas las ovaciones: unos se acordaban de mi padre y otros de mi madre. El entrenador Vic Buckingham estuvo oportuno en no ponerme dentro de casa hasta que los ánimos se calmaran un poquito… Fue una tanda de 20 partidos: Sadurní atajó 10 de local en el Camp Nou, yo atajé 10 de visitante. Luego volví a jugar de local y la gente me recibió bien…
La convivencia entre los arqueros no es fácil. Roffé evoca a dos arqueros que le tocó evaluar a su equipo de profesionales.

— Se suponía que se llevaban bien y convivían pacíficamente, hasta que tomamos el sociograma, donde hay que valorar afectiva y técnicamente a los compañeros y a sí mismo, de 0 a 20 puntos. Se pusieron “2” y “3”. Lo hablé con el entrenador e hicimos una reunión de mediación donde vimos que se odiaban. Hasta el momento, estaba disimulado. Para colmo, el D.T. los ponía dos partidos a cada uno.

En 1974, el Atlético de Madrid, con Reina como arquero, llegó por primera vez a la final de la Copa de Europa (actual Champions League). Enfrentó al Bayern Múnich en el estadio de Heysel, en Bruselas. Los 90 minutos reglamentarios terminaron 0 a 0. Correspondía un alargue de 30 minutos para dirimir al campeón. En el minuto 24 del alargue, Luis Aragonés clavó el 1 a 0 para el ‘Aleti’. En el minuto 29, a uno del final, un tiro de afuera del área del defensor Hans-Georg Schwarzenbeck empató el partido y obligó a un desempate a los dos días, en el mismo estadio, que ganó el Bayern Múnich 4 a 0. Si buscan en internet, leerán que, confiado en la victoria, Reina le regaló sus guantes a un reportero de Marca que estaba al lado del arco y que el gol lo agarró distraído, relajado, pensando que el partido ya terminaba.

—Yo he leído eso, pero no es cierto, claro: es una leyenda urbana porque tenía los guantes bien puestos. Sucede que Schwarzenbeck me pegó un zapatazo de otra época (risas). Esa jugada desgraciada es la más famosa de mi carrera: si no fuera por ella, hoy no me llamaría nadie. ¡Bendito sea Dios que usted me puede llamar y yo puedo responderle!

El hijo de Miguel Reina, Pepe Reina, es el actual arquero del Liverpool y uno de los grandes arqueros de Europa. Pase lo que pase, nadie olvidará jamás el gol que le hizo el Sunderland en agosto pasado, cuando Reina se arrojó a atajar un balón rojo que tiró un niño desde la platea, mientras la pelota entraba por el otro palo. Así es el puesto de arquero, ingrato hasta la exasperación.

 Articulo extraído de Revista SOHO.

Entrevista con el psicologo deportivo Dario Mendelshon:» La cura para la locura bajo los tres palos».

Darío Mendelsohn es psicólogo deportivo. Hace más de veinte años está abocado en esta rama de la psicología y a lo largo de su trayectoria como profesional ha sido el analista de planteles como los de Independiente, Lanús, Huracán, Chacarita  y Platense entre otros. Además, forma parte de la Fundación “El futbolista”, una fundación creada en 1991 de la mano de Futbolistas Argentinos Agremiados. En este lugar, los jugadores y sus familiares pueden realizar cursos, terminar sus estudios secundarios y asistir a jornadas y charlas de asesoramiento fuera del ámbito futbolístico. Cortitas y al pie, Mendelsohn le cuenta a De Palo a Palo, en esta entrevista, cómo tratar con los arqueros. Un puesto que para él “Se trabaja con un mecanismo distinto a los demás porque los porteros son distintos a los jugadores de campo”. En el blog dedicado a los “locos”, un psicólogo viene a curarnos de esta enfermedad que no tiene cura ni explicación: evitar los goles.

-¿Se trabaja distinto con el puesto de arquero que con los otros puestos?

– En principio se trabaja evaluando a todos por igual. La diferencia surge a partir de las respuestas de los arqueros, que generalmente están relacionadas con el puesto.

-¿Cuáles son los métodos para trabajar con los guardavallas?

– Se trabaja básicamente sobre la toma de decisiones  ya que este es un puesto donde no se puede dudar.

-¿Hay arqueros que te han dado una mano para poder trabajar con los que van al arco?

– En general si, porque ellos saben que su propia psicología es muy particular.

-¿Consideras que el arquero es más difícil para asistirlo psicológicamente?

– Si, porque puede tener muchos aciertos, pero un solo error tira todo abajo.

-¿Cuando un arquero llega a vos, qué es lo qué más frecuentemente manifiesta a la hora de hablar sobre su puesto?

– La confianza del cuerpo técnico y de sus compañeros suele ser fundamental.

– ¿Respecto a tus experiencias desde la psicología y los que cubren los tres palos, coincidís que para atajar hay que estar un poco “loco”?

– Creo que el arquero en general piensa distinto a los jugadores de campo, y cuando pensás distinto que la mayoría vulgarmente sos el “loco”.

-¿Cuál es el trabajo que se hace con los arqueros juveniles que están en su etapa de formación? ¿Cuáles son sus diferencias respecto de un arquero profesional?

– Que aprendan a convivir con el error, y fortalecer su autoestima. Un arquero juvenil está en una etapa donde seguramente se equivocará muchas veces, en cambio uno profesional ya ha pasado por muchos errores a lo largo de su trayectoria debajo de los tres palos. Sin embargo, sigue acudiendo porque siempre hay cosas por corregir, aprender y por supuesto, se seguirá equivocando.

-¿Quienes se acercan más a vos, los juveniles o los más grandes?

– En general los dos por igual.

Para vos: ¿Es este un puesto que necesita necesariamente apoyo psicológico? ¿Qué le recomendarías a aquellos arqueros que nunca han tomado una sesión?

– Si, por supuesto. Que lo hagan porque los va a ayudar a disfrutar más, y a sentirse contenidos. Les recomendaría que no duden en acercarse y conocer la psicología deportiva.

La Fundación “El futbolista” se encuentra en la Avenida Independencia 532, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para más información: http://www.agremiados.com.ar

Articulo extraído de www.depaloapalo.com.ar

De lo expuesto en los reportajes es evidente que estos dos profesionales  tienen enfoques diferentes sobre el tema.

Asistí a una exposición del Licenciado Marcelo Roffé en el marco de un congreso de entrenadores de arqueros organizado por AER (arqueros en red) donde desarrolló tópicos de la nota en cuestión, desde el encabezado de la misma manifiesto mi disconformidad, aseverar que el arquero sufre más que sus compañeros y que es el puesto más ingrato del futbol me parece un juicio de valor muy personal, que en mi humilde opinión es invalidado por la trayectoria de grandes arqueros que han hecho del arte de defender el arco una tarea creativa de profundo goce y satisfacción. Por otra parte que la percepción del fracaso sea mayor en los arqueros y relacionarla con el suicidio me parece una afirmación que quizás requiera un tratamiento que excede el marco de una nota periodística.

El reportaje al Licenciado Mendelshon, a quien conozco por haber sido profesor en ATFA donde realicé mi curso de DT y con quien profeso un afecto mutuo que no garantiza comunión de ideas, me parece más acertado, sin dramatizar demasiado pone énfasis en la toma de decisiones y en la capacidad  de desarrollar una autoestima que le permita convivir con el error. Este camino me parece más acertado, ya que es algo muy cierto que en el arquero la equivocación tiene otro impacto.

No obstante los errores tienen otra percepción de acuerdo a la manera de jugar que tenga el arquero, el que arriesga mas seguramente será más tolerante con la posibilidad de cometer algún fallo,  en ese sentido el tan mentado error de Higuita, cometido en un Mundial, con todo el grado de exposición  que ello implica, es buen ejemplo de la personalidad que se necesita para jugar en cualquier puesto y en este en particular, la carrera de René continuó por veinte años luego de ese episodio, y no solamente no dejo de arriesgar sino que posteriormente realizo una de las jugadas más bellas y emocionantes de la historia del futbol “El Escorpión”, dejando en claro que su manera de entender el juego no tenía nada que ver con amedrentarse ante la posibilidad de fallar.

Musica: Los Morrones «Arquero volante».

Marcelo Luis Alvarez

01/03/2013

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Dime como te vistes y te diré como juegas!

Vestimenta llamativa o sobria, el gran dilema de los arqueros

Según un estudio, las camisetas más llamativas distraen a los delanteros, mientras que algunos especialistas consideran que los colores sobrios son más efectivos porque le quitan referencia a los rivales; ¿cuál es tu opinión?

 Ayer, en el triunfo de Boca ante Fluminense, por el partido de ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores, Agustín Orion, arquero de los xeneizes, fue, casi sin quererlo, el blanco de todas las miradas. Lejos de un gran rendimiento o de un error que lo haya marcado, el motivo fue, nada menos, que su vestimenta…

Como ya lo hizo en otros partidos de esta edición de la Libertadores y en escasos encuentros del torneo local, donde prefiere el gris, Orion utilizó un conjunto amarillo, pero no un amarillo común, sino uno bien llamativo.

Esto reabrió el debate que los defensores de los tres palos comenzaron a mediados de la década de los ’90: ¿de qué color deben vestirse los arqueros? ¿Eso influye en los rivales?

Dos teorías se desarrollaron a lo largo de estos años al respecto: para algunos, es preferible usar buzos llamativos, ya que los delanteros, atraídos por los colores, suelen lanzar, inconscientemente, la pelota hacia donde se encuentra el arquero; para otros, lo mejor es usar una indumentaria sobria, para que el rival no tenga referencia de la posición del Uno.

 Desde hace algunos años, el arquero checo del Chelsea, Petr Cech, sorprende no sólo por su gran nivel, ya que está considerado como uno de los mejores en su posición, sino también por los colores fosforescentes que suele elegir para sus camisetas, basado en la primer teoría que desarrollamos.

En base a la misma teoría, en 2010, el psicólogo deportivo de la Universidad de Chichester, Iain Greenlees, realizó un estudio y llegó a la conclusión de que los arqueros que visten de rojo tienen más posibilidades de detener los disparos del rival.

La metodología del estudio. Durante una semana, 40 futbolistas le patearon penales a un solo arquero que iba cambiando de camiseta. Los resultados arrojaron que el Uno atajó el 46% de los disparos cuando vistió el buzo colorado; el 31% con el amarillo; el 28% con el azul y el 25% con el verde.

«Siempre se ha relacionado al rojo con el peligro y dominancia, y cuando vivimos momentos estresantes, prestamos más atención a lo que nos rodea», explicó el psicólogo.

Por su parte, Alejandro Saccone, ex arquero de River, es un fiel defensor de la segunda teoría: los arqueros deben optar por colores sobrios. «Hay que pasar desapercibido. Si estás vestido con colores llamativo, cuando el delantero levanta la cabeza, rápidamente tiene un punto de referencia», le explicó Saccone a canchallena.com. 

¿Colores llamativos o sobrios? ¿Distracción o atracción? ¿Carlos Fernando Navarro Montoya o José Luis Félix Chilavert? Muchos dilemas, pocas respuestas. Lo cierto es que en el fútbol no hay nada más lindo que lo goles. Mejor busquemos teorías que nos ayuden a encontrarlos…

La vestimenta y el juego

Esta nota aparecida en el diario “La Nación” del 18/05/2012 encierra una polémica bastante interesante, la leyenda urbana (digo leyenda porque es imposible establecer su veracidad) dice que el creador del “Buldog” de Chilavert le habría ofrecido un buzo multicolor a Ubaldo Matildo Fillol cuando recién comenzaba la década del 80, al intentar usarlo en un partido oficial este recibe la negativa del por entonces comisario deportivo y decide no usarlo. Enterado de esto Hugo Orlando Gatti le pide que diseñe uno para él:”cuanto más llamativo sea mejor quiero que me vean cuando salgo a achicar, parecer un semáforo que le diga al delantero aquí hay que parar”, ante la misma negativa de la autoridad deportiva “El Loco” responde “,es lo único que tengo, no traje otro”.  Así comenzaría la era de buzos multicolores, que por otra parte cumplían con creces la regla de vestirse distinto.

El dilema de cómo vestirse denota también una actitud hacia el juego, es muy raro encontrar un arquero vestido de colores llamativos que ataje debajo del arco, generalmente la vestimenta va acompañada del desparpajo de su manera de jugar, en este sentido atajar con colores vivos tiene una función, no solamente la de distraer a los delanteros como dice el inicio de la nota, sino por el contrario usar la referencia para provocar decisiones apresuradas en los jugadores, si un mediocampista está dispuesto a poner un pase en profundidad y ve al arquero contrario perfilado para salir a intervenir, seguramente buscara otra opción, de la misma manera si un delantero esta cerca en posición de definir y ve al arquero saliendo seguramente se apresurará a decidir sin buscar otra alternativa quizás mas beneficiosa.

Ademas si bien es cierto que los colores llamativos otorgan referencias a los delanteros contrarios tambien lo hacen con los defensores de su propio equipo, que rapidamente pueden saber si su compañero realizó un desmarque de apoyo o una cobertura a sus espaldas.

Por eso es coherente que aquellos que deciden usar colores sobrios son arqueros acostumbrados a jugar más cerca de su arco, ya que su actividad se piensa relacionada con la exclusiva defensa del arco, y no con la posibilidad de inducir errores con una participacion mas audaz, por otra parte en un puesto donde la confianza y la autoestima son muy importantes, un arquero vestido con colores fuertes es como que reafirma su personalidad y proyecta la seguridad que uno tiene en sí mismo. No obstante mucho tiene que ver con las modas en los 90´ casi todos los arqueros usaban buzos multicolores, sin embargo para afirmar lo dicho anteriormente, ninguno igualaba los modelos de Jorge Campos, Navarro Montoya o René Higuita, incluso la combinación de Chilavert buzo negro con un “buldog” gigante en amarillo no me parece pensada para pasar desapercibido. Estos arqueros, no por casualidad casi todos de la misma edad (solo Chila es un año mayor), venían a reafirmar un estilo  más comprometido con el juego defender el arco, era para ellos participar activamente del mismo, algo que se extraña hoy en día, tanto por la eficacia  como por el beneficio que recibía el espectáculo.

Marcelo Luis Álvarez

22/02/13

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Futbol científico

El futbol como todo deporte de elite se ha transformado en una actividad multidisciplinaria, diversos y muy importantes son los aportes, de la medicina deportiva, la preparación física, la nutrición, la psicología. En este video un novedoso enfoque científico que explica diversas situaciones del juego desde su particular concepción.

Fuente: Entornos invisibles de la ciencia y la tecnología (Canal Encuentro).