Modificación de conductas y toma de decisiones

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Cuando escribimos el artículo “¿qué hacer con los errores?” Evitamos referirnos a uno de los factores más importantes, como proceder cuando estamos convencidos que hay que modificar una conducta, obviamente porque considero que merece que lo abordemos con una aplicación más intensa de nuestra atención.

El autoritarismo científico imperante nos puso en sintonía neurociencias y es abundante el material que se puede encontrar sobre la modificación de conductas y la toma de decisiones desde esa perspectiva cientificista. Los libros que indican como aprovechar mejor tu cerebro se venden en los quioscos, y con esta dinámica de mercado, es probable que en breve nos encontremos hablando de diseño de conductas deportivas al estilo “Jason Bourne” pastilla azul para la velocidad, pastilla roja para el “slalon” pastilla verde para el remate, etc,etc,etc.

Esto recién comienza y hay que esperar un poco para que la novedad de paso a la mesura y el equilibrio, mientras tanto conviene estar alerta con las ofertas novedosas teniendo en cuenta la afirmación de Nir Baram:

              “Dígame que necesidades tiene usted y cuál es su propósito y le proporcionaré una teoría científica a su medida”.

Hasta donde yo interpreto la formación es tarea de los formadores, los educadores y estos para desarrollar su trabajo se nutren de la pedagogía, hacia allí es donde decidí orientar mis inquietudes para incorporar conceptos que pudiera utilizar en esta tarea.

Considero que la relación educador – educando, es adecuada y totalmente válida para tomarla como referencia en la actividad deportiva desarrollada por el entrenador; de hecho es lo más común denominar “Profesor” a quien cumple esa función.

En este sentido no me cansaré de repetir que en la tarea de entrenar me ha ayudado mucho más Paulo Freire que todo el abundante material bibliográfico específico que existe sobre futbol.

Cuando detectamos un error sistemático es de esperar que se relacione con un concepto no trabajado o mal incorporado, lo más importante como ya lo hemos desarrollado en artículos anteriores es no obsesionarse con el asunto, “el error debe considerarse como un paso previo, un momento en la búsqueda del acierto. Siempre debemos recordar que es el hecho de equivocarse el que permite avanzar en el conocimiento”.

Lo que voy a desarrollar está lejos de ser interpretado como una receta y siempre estará supeditado a la relación entrenador-jugador, así como condicionado a los contextos en los que se actúa.

Lo primero que hay que intentar es que la conciencia del cambio parta del propio jugador, es muy importante que él manifieste que en determinadas ocasiones podría proceder de manera diferente, que la propuesta de modificar algo no quede como un capricho del entrenador sino como la respuesta a una inquietud del jugador, si la pregunta no aparece, es tarea del entrenador inducirla, por eso es de mucha utilidad acostumbrar a nuestros arqueros a tener una actitud crítica sobre sus actuaciones, la posibilidad que otorga la tecnología de analizar las acciones a través de videos apoyados en datos estadísticos es de mucha utilidad y sumamente aconsejable, sirve para reafirmar lo que está bien hecho y poder cuestionarse sobre lo que se tiene alguna duda, es reflexionando sobre la decisión tomada como se logra una respuesta más eficaz.

Esto obliga al entrenador a un proceso de capacitación permanente porque se requieren altos niveles de conocimiento del juego, así como a desarrollar habilidades de escucha a las que muchas veces los entrenadores somos ajenos.

La propuesta de un cambio debe ser muy meditada por el entrenador, ese es el verdadero arte de entrenar, uno debe ser consciente que las condiciones del jugador están dadas para aceptar la propuesta, si se percibe que no hay convencimiento es preferible no cambiar, un buen entrenador debe percibir si las dudas son más fuertes que las habilidades, y si es así es preferible no cambiar, es mejor aplicar un mal plan convencido que es el correcto, a uno del que no estamos convencidos plenamente. Además siempre debemos tener en cuenta que quien toma las decisiones es un sujeto atravesado emocionalmente y condicionado por un contexto, determinar los grados de confianza, autoestima y entusiasmo que manifiesta el jugador es de vital importancia.

Algunas veces las dudas tienen que ver con el temor al cambio, esto tampoco debe amedrentarnos, siempre existe una relación entre el miedo y la dificultad, entre el miedo y lo difícil, y cambiar es posible, pero no es fácil.

Para poder detectar todas estas cuestiones el entrenador debe entender que existe un saber relacional que se construye con el otro, un saber dialógico, “desde que somos un dialogo y escuchamos unos de otros” decía Friedrich Hölderlin, esto parte de la necesidad de sentirse incompleto, de respetar la posibilidad de estar predispuesto a completarse con el conocimiento que se construye en esa relación. A eso se refiere Freire cuando habla de la “seguridad insegura”, seguridad que parte del deber ético de prepararse bien para desarrollar la tarea y la inseguridad de no saber cómo se desarrollara la relación entre la práctica y la teoría.

Estas cuestiones que me parecen de mucha importancia es lo que yo llamo la “sensibilidad táctica pedagógica” detectar situaciones que sometidas a la reflexión crítica ayuden a construir un saber hacer que le sirva al jugador para tomar las decisiones correctas. Una interpelación constante de los conceptos adquiridos que sirva para adaptarlos a los diferentes contextos con sus propias particularidades.

Diseñar ejercicios que ayuden a guiar la búsqueda de las soluciones que creemos convenientes para las distintas situaciones a cambiar es tarea fundamental del entrenador, muchas veces los tiempos son ingratos y nos impiden desarrollar los procesos de la manera que consideramos más adecuada, incidir con el ejercicio en ese proceso de cambio es en ocasiones la manera más rápida de conseguir el resultado apropiado, siempre habrá tiempo para abstraerse sobre lo actuado para poder incorporarlo como conocimiento del juego y facilitar la toma de decisiones.

Toda modificación acarrea un riesgo, pero eso lo considero inherente al juego, el jugador debe entender que arriesgando puede perder pero sino arriesga siempre va a perder, nuestra tarea como entrenadores es domesticar el riesgo, que se vuelva meditado, que la acción a desarrollar no sea una apuesta, sino atrevimiento con posibilidades de concretar una acción satisfactoria, que no implica hacerlo todo el tiempo sino la construcción de un saber arriesgar.

De esta manera estaremos ayudando a que nuestros arqueros se puedan adaptar, con capacidad de decisión, a las distintas situaciones que propone el juego.

 El entrenador debería permitirse soñar con la posibilidad de iluminar el recorrido que conduzca a sus jugadores hacia la brillantez, es decir a desarrollar sus  habilidades a tal extremo que logren con ellas modificar los contextos. Esa es la influencia de los mejores.

Marcelo Luis Alvarez

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Bibliografía:

-Villar Alvarez, Garcia Gonzalez (coords.) El entrenamiento táctico y decisional en el deporte. Editorial Síntesis.

-Paulo Freire. Por una pedagogía de la pregunta. Siglo veintiuno ediciones.

-Paulo Freire. Cartas a quien pretende enseñar. Siglo veintiuno ediciones.

-Gil Galve. Los porteros de fútbol, ¿se comportan como sistemas complejos?.

-La jugadora de ajedrez. Pelicula (Caroline Bottaro).

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