Amadeo Raul Carrizo

Párrafos del libro “Amadeo, El arte de atajar” de Alfredo Luis Di Salvo (1996)

Funciones del arquero

La función primordial del arquero consiste en defender y evitar que los remates al arco se conviertan en goles. Con el fin de poder cumplir con su objetivo, el reglamento del juego le permite utilizar sus manos dentro del área grande. Es un puesto del equipo de enorme responsabilidad y habitualmente el ultimo escollo que se debe sortear para definir. Un arquero con excelentes condiciones cumple un papel decisivo en el funcionamiento del equipo, mas teniendo en cuenta las nuevas imposiciones implementadas últimamente. Ahora el arquero, además de atajar debe contar con un aceptable dominio de pelota; por fin lo consideran un jugador mas de campo. En cambio, cuando son escasas las cualidades perjudica seriamente el funcionamiento y esfuerzo de todo el plantel.

En los tiempos primitivos del futbol, dijimos, era el lugar que menos se valoraba y pasaba más inadvertido. Generalmente era ocupado por arqueros de menores recursos futbolísticos. A medida que fue transcurriendo el tiempo, se empezó a ir reconociendo la incidencia e influencia, en el resultado del partido, de la buena o mala actuación del arquero.

Para tomar decisiones es indispensable conocer las virtudes del contrario; analizar las condiciones técnicas que tiene el delantero rival, saber cual es su pierna hábil, descubrir aquel jugador que hace una gambeta de más o el que shotea de primera.

Hay veces que el delantero le pega mal a la pelota, y ésta toma un efecto extraño con un recorrido impredecible que desorienta y desubica al arquero, que espera el balón en el lugar indicado por la lógica y va hacia el lado opuesto, convirtiendo el gol.

Los espectadores lo califican como gol zonzo, pero son producto de que el delantero le entro “mordida” a la pelota; lamentablemente me ha sucedido. En cambio hay otros delanteros, como han sido Sanfilippo o Antonio Báez (River, Platense, Millonarios de Colombia) que sacaban el remate sin tomar envión, logrando una velocidad, fuerza y precisión inusitadas. Esta clase de goleadores son una seria pesadilla para los arqueros.

Dijimos, entonces, que se procurará por todos los medios evitar que la pelota trascienda la línea de gol. Para cumplir con esta misión podrá retener el balón o desviarlo con sus manos o cualquier parte del cuerpo. Según el trámite del juego, en muchas oportunidades estará obligado a abandonar su arco saliendo, cortando, rechazando o trasladando la pelota hacia otro compañero; estas funciones son las referidas a las actitudes defensivas. Pero el arquero moderno tiene una participación determinante en las acciones ofensivas del equipo. Un saque de meta bien ejecutado, es decir, con rapidez, dirección, sorpresa e inteligencia, significa un aporte valiosísimo que puede contribuir a ganar un encuentro. Por tal motivo no entiendo a los arqueros que se demoran tanto en sacar desde su arco, espantando mosquitos con sus manos, mientras tanto la defensa contraria espera toda armadita; sin duda no advierten la oportunidad que están desaprovechando; de lo contrario no actuarían de esa forma.

Por su ubicación, el arquero guarda la posibilidad de observar un panorama muy amplio del campo de juego – dese una óptica diferente-; en consecuencia, podrá ordenar su defensa, sugerir un juego más incisivo en el medio y aconsejar a los delanteros que flancos del rival son más débiles, dado que su visión es inmejorable.

Con esto les cuento que es el jugador que tiene mayor cantidad de funciones dentro del equipo. Su función primordial es la de defender (principalmente) y también la de dirigir el ataque. Para poder desempeñar con eficiencia estas tareas tendrá que prepararse física y psíquicamente de una manera distinta al resto de los jugadores.

El dominio de la pelota es fundamental

Desde chico me fui preparando para ser arquero, jugando de delantero en los inolvidables potreros. De esta forma conseguía un buen manejo de la pelota que me resulto muy útil posteriormente.

En una oportunidad, enfrentando a Chacarita, de visitante, (año 1950) me lesioné el codo luego de intentar contener un penal a Pessarini. En el vestuario hablé con José Minella –técnico de River- analizando la posibilidad (porque en esos tiempos no existía el banco de suplentes) de jugar con la camiseta numero 11 en la espalda, pero me ubiqué arriba sobre el lado derecho. Al arco fue Barbeito (que reemplazaba a Félix Loustau). En Chacarita ¡me marcaban cada nenes! (Pizarro, Spinelli, Araiz…), la delantera riverplatense esa tarde formó con Castro, Coll, Walter Gómez, Labruna y Amadeo Carrizo. Llegando al final del partido hice una diagonal (con el brazo pegado al cuerpo por la luxación del codo) se la toque al medio a Walter Gómez, nada menos, esperando la devolución. El botija  amago devolvérmela, hizo un esquive y pateo al arco. Me quede con las ganas… ¡que lindo hubiera sido!

En mis comienzos, cuando estaba en inferiores, observaba a los arqueros que carecían de recursos para controlar situaciones adversas; igualmente, la hinchada los justificaba. El puesto de arquero, en esos tiempos, se encontraba absolutamente desprestigiado, salvo raras excepciones. Era difícil oír hablar al periodismo de las actuaciones del  arquero. Además, el guardavalla de esa época se mantenía estático debajo de los tres palos, sin anticiparse jamás a una jugada y generalmente, lo “fusilaban”.

De chiquito, en los infaltables desafíos de barrio, al “gordito” o al mas “tronco” lo mandaban al arco. Desde ese entonces fui acumulando bronca e íntimamente me propuse jerarquizar el puesto.

Lo más importante, según mi criterio: considerarlo un lugar donde no podés equivocarte ni cometer errores…

Por todos los medios traté de cambiar esa actitud en el arco. Con el correr de los años, llegué a ser arquero de primera y allí pude advertir que no alcanzaba con ser atajador, había que sumar otras condiciones para convertirse en un arquero completo. Es decir, tenias que atajar, pero también saber anticiparte a las intenciones del rival, había que aprender a utilizar el achique y sobre todo impedir el remate final, ya que en esa instancia es a suerte y verdad, podes atajarla o ir a buscarla adentro. Me daba tanta bronca que les pedía que vayan a buscarla a los backs.

El tiempo, en definitiva, es lo único que confirma tus convicciones. Hoy el arquero es un jugador más de campo. Fui uno de los primeros, que entendí ese rol y procure demostrarlo imprimiéndole al arquero una nueva dinámica y protagonismo.

No voy a negar que esas innovaciones me causaron dificultades en propios y extraños. Inclusive algunos periodistas que no llegaron a interpretarme, criticaron mis actitudes.

Me animaba a salir anticipando o cortando una jugada de peligro, por la confianza que inspiraba el buen tratamiento de pelota adquirido en los entrenamientos.

Toda vez que me han consultado los arqueritos, aconsejé que tuvieran en cuenta una técnica de trabajo de campo y preocuparse en lograrla.

Dentro de estas medidas, paso mi juventud…

Resulta fundamental conocer exactamente las dimensiones de las áreas y del arco para tomar decisiones y no equivocarse:

El área chica mide: 18.32 por 5.50; el área grande tiene 40.32 por 16.50 y el arco7.32 metrosde largo por una altura de2.44 metros.

El arquero moderno juega en toda la cancha.

Arqueros atajadores

o

Arqueros jugadores

No me parece justo hacer una división entre arqueros-atajadores y arqueros-jugadores. En futbol, como en tantos otros temas de la vida, no se puede generalizar. Si obramos de este modo, seguramente, cometeremos grandes injusticias.

Podemos hablar de estilos distintos, de gustos personales y de lo que exige el futbol moderno. Si hablamos de estilos, quiero mencionar a Agustín Mario Cejas que fue por su estilo, un fantástico arquero-atajador. Hemos sido de características disímiles pero los dos igualmente efectivos y al servicio del equipo. Mario Cejas, fue notable debajo de los tres palos, por momentos imbatible, con unos reflejos, sobriedad y solidez impresionantes. Tal vez no se preocupaba en anticiparse a la jugada porque confiaba ciegamente en sus notables condiciones, interpretamos los dos al futbol de manera diferente. Cejas jugó partidos donde lo admiré profundamente. Triunfó, nada menos, en el Santos de Pelé. También quiero recordar al Pato Fillol, un atajador incomparable. Allí se explican trayectorias tan prolongadas y con tanto éxito. Fueron dos ejemplos concretos de estilos divergentes, pero con resultados idénticamente positivos. Llegamos a defender el arco por caminos distintos y los dos convencidos en nuestras aptitudes.

El fútbol moderno, tan dinámico y con tanto ritmo, exige en el arquero mayor protagonismo (el mismo que yo imaginaba en la década del `50), el arquero debe actuar como un libero más. Esto es, participar más del juego de campo, saliendo a cortar y entregar con rapidez y sorpresa. La técnica ofensiva del arquero esta relacionada con la dirección, celeridad y precisión. De acuerdo a mi criterio el fútbol moderno reclama al arquero-jugador. Pero tampoco ser tan exagerados como los arqueros Higuita Y Campos (arqueros de Colombia y México) porque puede traerles graves consecuencias, muchos ya las han sufrido.

No olvidemos que la función consiste en defender el arco; ahora bien, las nuevas exigencias requieren que el arquero disponga de mas dominio de pelota con sus pies y se desempeñe con la misma eficiencia: atajando como jugando con su defensa, anticipando, iniciando una jugada de gol o rematando untito libre o penal; hoy el arquero es muchísimo mas funcional.

Ahí esta la diferencia entre un buen arquero y un gran arquero.

El gran arquero cumple con suficiencia la doble acción de proteger su arco y comenzar el ataque.

Amadeo Raúl Carrizo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *