El dilema “Táctica – Técnica” en la formación y el entrenamiento.

En su libro “Futbol. Estructura y dinámica del juego”, Jorge F.F. Castelo afirma categóricamente que el fin en el juego es táctico.

“En este sentido, los comportamientos desenvueltos por los jugadores  en respuesta a las mutaciones permanentes de las situaciones de juego requieren de estos una aptitud de decisión y una aptitud de ejecución

Teissie (1970) subraya que “las cualidades técnicas de un jugador no se aprecian solamente en cuanto a la forma, sino también, y necesariamente, en cuanto al momento, orientación y velocidad de ejecución del procedimiento técnico”, que así deberá responder eficazmente a la situación momentánea de juego. Así, la acción (comportamiento, procedimiento) técnica individual no es un objetivo en sí mismo, sino un medio para obtener una capacidad, que debe valorarse como la constante mutación de las situaciones (movimientos de los compañeros y adversarios) de juego: intención táctica. En otras palabras, la intención táctica es el fin, mientras que la técnica es un medio, y un medio no se puede concebir independientemente del fin al que se destina. Hugges (1980) refiere que “el futbol es juego de decisiones, y la velocidad de decisión con o sin balón es el elemento fundamental del futbol actual” (Castelo, Estructura y dinámica del juego. Editorial INDE 1999).

Pero hablar de táctica implica una serie de aclaraciones; no existe una sola concepción de táctica: podemos hablar de una táctica colectiva y de una táctica individual. Por táctica colectiva se identifican “aquellas situaciones de adaptación a la existencia de oposición en las que los deportistas han de escoger entre las diferentes alternativas, en función de sus contrincantes “(Riera 1989). Por táctica individual se considera “la elección del gesto apropiado en cada momento, tanto en ataque como en defensa, efectuado oportunamente a la velocidad conveniente” (Bárcenas y Román, 1991).

En muchos congresos y reportajes he escuchado a entrenadores afirmar “quiero  que mis arqueros sean buenos técnicamente, que dominen a la perfección los gestos técnicos, que no cometan errores técnicos”.

Se pone mucho énfasis en la cuestión de la ejecución y no en la toma de decisión, como consecuencia de esto vemos que el método predominante para entrenar al arquero es aislarlo de los compañeros y entrenarlo casi exclusivamente de manera analítica y por repetición, es decir descontextualizado del juego, predomina siempre el hecho de aprender a realizar el ejercicio y repetirlo, sin tener en cuenta que por todo lo dicho anteriormente, en el partido lo único que se repite es la incertidumbre y la variación del contexto en que han de resolverse las acciones.

Por lo expresado con anterioridad se puede inferir que una técnica depurada no es garantía de una buena decisión, repetir un gesto técnico fuera de contexto hasta automatizarlo, no sirve como método de entrenamiento.

Por otra parte la técnica también es algo creativo y dinámico que se adapta a los requerimientos del juego. En el básquet por ejemplo hasta la década del 50 se realizaban los lanzamientos con la técnica llamada “bañadera” es decir se tiraba la pelota desde abajo partiendo casi de las rodillas, así también se ejecutaban los tiros libres cuando se dieron cuenta que eran más fáciles de bloquear se cambio por la manera actual, en el tenis comenzó sacándose de abajo cuando la ejecución de arriba garantizo más precisión y potencia se la cambió.

En futbol hasta la década del 50 no era común utilizar el “chanfle”, y luego del Mundial 58 con la eficacia de la “folha seca”, casi una exclusividad del brasileño Didí, dominar estos fundamentos comenzó a hacerse una especialidad casi obligada a la hora de ejecutar algún tiro libre cercano al arco.

Con respecto al arquero la evolución técnica fue obligatoria ya que los cambios reglamentarios lo obligaron a incorporar nuevos gestos, el juego con los pies, si bien algunos lo utilizaban porque no estaba prohibido hacerlo, ahora es una obligación. Por otra parte a la hora de atrapar el balón y reincorporarse está muy de moda hacerlo con la técnica de “balanza” remplazando al cruce de piernas. “La de Dios”, creada por Hugo Gatti, rebautizada “El Cristo” en tierras mexicanas es una innovación técnica de mucha eficacia y de gran placer estético,  hoy en día con algunas modificaciones es la manera mas utilizada para realizar un achique en uno versus uno, garantiza amplitud de cobertura, evita tirarse con los pies hacia delante, aprovecha envergadura  y aplicada con talento suele ser infalible.

No obstante los aspectos tácticos del puesto son los que realmente marcan una evolución preponderante, los espacios a dominar son más amplios y las tareas también cambiaron si bien todavía muchos se niegan a incorporar los desmarques de apoyo, las coberturas y un seguimiento más dinámico del juego, los que las realizan marcan una notable diferencia con el resto. Esto obliga a que el arquero intervenga en situaciones que requieren mucha coordinación sobre todo con los defensores, debido a eso resulta indispensable que se entrene como parte de una unidad táctica junto con sus compañeros y no de manera aislada. Esto es algo que deben incorporar los entrenadores de arqueros de manera inmediata, algunos ya lo están haciendo y aquí es fundamental convencer a los directores técnicos ya que algunos son reticentes a hacerlo.

En etapas formativas es necesario realizar un quiebre, aun hoy existe una preponderancia a enseñar partiendo de los fundamentos técnicos es decir al arquero le enseñan a tomar la pelota en las distintas alturas como marca la ortodoxia, se repiten hasta el hartazgo para luego pasar a realizarlas en el arco, las dificultades se presentan según las posibilidades coordinativas para luego utilizarlas en el juego.

Otra visión es necesaria, a jugar se aprende jugando, la enseñanza debe comenzar por el juego mismo, si el arquero aprende a resolver con respecto a las situaciones del juego, seguramente su formación será más integral, cuanto mayor riqueza y experiencia de resolución de problemas y situaciones no conocidas tenga un jugador, mayor capacidad de respuesta tendrá ante las incertidumbres que le plantea el juego. De esta manera el aprendizaje se vuelve algo creativo de apuesta a la capacidad productiva del jugador, el buen entrenador solo deberá guiar la búsqueda, el talento decidirá por la resolución efectiva de la jugada en cuestión y la experiencia incorporará la estandarización táctica. Lamentablemente se confunde práctica con repetición, y estructurar ciertos aprendizajes no significa automatizar gestos, sino aprender a desarrollar ciertos recursos para utilizar en contextos y situaciones nuevas. Resumiendo puede decirse que el entrenamiento para el desarrollo competitivo requiere de practica abundante y variada acompañada de problemas a resolver antes que modelos a ejecutar.

La pregunta a responder sería ¿y la técnica cuando y como?, evidentemente de todo lo desarrollado se desprende que la técnica debe introducirse como soporte de la acción de juego, debe ser para obtener una mejora individual y colectiva en los niveles del juego, acciones individuales inteligentes y ajustadas en tiempo y espacio.

Aunque parezca demasiado intelectual, ponerse de acuerdo con los términos favorece cuestiones didácticas que resultan de vital importancia.

Muchas veces por una mala ejecución técnica se tira por la borda lo que fue una muy buena decisión táctica, por ejemplo si un arquero decide salir lejos de su arco fuera de su área grande para cubrir a un compañero superado, llega con buen timming, pero pifia su rechazo o ejecuta una mala opción de táctica individual, rechazar fuerte sobre el delantero, en lugar de tocar hacia el costado, se suele censurar la salida lejos del arco que fue una decisión acertada opacada por un gesto técnico mal utilizado. Aunque el resultado no sea eficiente no es lo mismo censurar toda la jugada que poner énfasis solamente  en lo que se realizo mal, muchas veces por un error que cuesta un gol muchos jugadores tardan en reponerse e incluso se cuestionan su manera de jugar. La búsqueda del estilo propio debe ir acompañada del entrenador sin que este imponga su estilo, así el jugador ganara en convicción y confianza en lo que va aprendiendo.

Diagramar entrenamientos abiertos variando las condiciones y parámetros para orientar el desarrollo de los mecanismos de percepción y reflexión, es el gran desafío de todo entrenador, por supuesto que este camino no es el más sencillo, pero estoy plenamente  convencido que hay más posibilidades de éxito haciéndolo de esta manera.

Marcelo Luis Álvarez

23/02/2013

Este trabajo ha sido inspirado en el libro “Repensando la educación física escolar”, Ángela Aisenstein (coord.). Ediciones Novedades Educativas.

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