Nestor Martin Errea

Reportaje publicado en revista El Grafico Nº 2104, 20 de Enero de 1960

Para ser arquero no hace falta ser Tarzán

 

Néstor Martín Errea habla un idioma futbolístico que le es familiar a El Grafico, aunque para ello emplee un lenguaje que nos es, ciertamente, desconocido en la mayoría de los jugadores. El, así lo confiesa, es aun “alumno” de esa escuela de futbol que no reniega del futbol; pero, sin duda, ya es “maestro” exponiendo. Sabe sentir y sabe decir lo que siente.

 

-¿Por que quisiste ser arquero?

 

-¡Qué se yo! No podría explicarlo. Posiblemente cosas de chiquilín. Me pareció el puesto más fácil. Además, como podía agarrar la pelota con las manos… En fin, lo  cierto es que la primera vez que jugué en la calle pedí que me mandaran al arco. Ninguno se opuso. Todos contentos y yo sin explicármelo.

-¿Te sigue pareciendo fácil?

-Todo lo contrario: dificilísimo. Pero, eso si, con atracción, encantos y características que lo diferencian, pese a ser el mismo juego, de los restantes puestos de un equipo. Son virtudes privativas de los arqueros.

-¿Las podes explicar?

 

-¡Como no! El arquero es, en todos los casos, el último escollo. Superado este el gol se produce. Hablo de jugadas normales con pelotas que van al arco, no voladoras, tiradas a la buena de Dios, que dejan pasmados a todos inclusive al que la pateó. Continuar siendo escollo es la virtud. Para ello hay que adivinar intenciones y además aprovechar la “ventaja” reglamentaria de usar manos y pies en una amplia zona. ¿Entendido?

– Comprendido que es lo mismo. ¿Te adaptaste en seguida?

 

– No tuve como casi todos los jugadores, antesala de potrero. Fui directamente, y por una razón especial, de la calle a la cancha. Cuando quise darme cuenta estaba jugando en un club afiliado. Don Héctor Rama, que me vio jugar en el equipo del instituto San José, me llevo deLa Esperanzade Ramos Mejia, en el que, entre otros muchachos, estaban Abeledo, Druziuk, y De Ciancio, por mencionar a los que hicieron carrera. Con ese conjunto intervenimos en los campeonatos juveniles, ganando la zona dela Provinciay clasificándonos terceros en las filas del dela Republica.Corríael año cincuenta y cinco. Dos temporadas mas tarde, Don Héctor Rama, a quien mucho agradezco todo lo que por mi hizo, me llevo a Sacachispas, debutando en quinta división. Ascendí esa misma temporada al equipo que intervenía en el campeonato de segunda de ascenso, siendo transferido antes de terminar el torneo a Atlanta. Lo demás es reciente y no lo considero digno de mención.

– Todo interesa Néstor pero prefiero que hablemos de futbol. ¿Cómo lo entendés?

 

– Comencé a mirarlo bien, a analizarlo y definirlo cuando tenia mas o menos unos quince años. Lo hecho anteriormente era para mi instintivo, consecuencia de nada mas que de la edad irreflexiva. El futbol es acción de conjunto, colaboración colectiva imprescindible, y el arquero una pieza vital, como todas, en ese engranaje que une a once hombres. Cuando vi jugar a Carrizo me convertí en su mas grande admirador y pretendido imitador, porque el me enseño siendo yo espectador, la base fundamental de la función en acción del arquero. El engranaje a que aludí.

– ¿Qué virtudes le has notado?

– Todas, futbolísticamente hablando. Lo privado no viene al caso y es ajeno a mi propósito. A fe de sincero ninguno lo emula en juego y  estilo. Lo sabe todo, y estimo, si se me permite una reflexión, que no se si será totalmente aprobada, que así como lo hace Carrizo deben jugar todos los arqueros. Es un tercer back.

– ¿Lo apruebas?

 

– Tácitamente. Dirige. Traza imaginariamente una línea que le permite dominar todos los ángulos y se mueve guiándose por los puntos de referencia que son zagueros o medios. Además, repito, dirige, controla moviliza  a los defensores ubicándolos, impidiéndoles que se adelanten demasiado o retrocedan dando margen y ventaja al rival.

Pone a cada hombre donde debe estar.

-¿Vos haces lo mismo?

– Inaceptable la comparación. Dije que trato de imitarlo. A veces lo consigo. Por lo pronto, he logrado una complementación total con mis backs. Ellos están atentos a mis indicaciones lo mismo que el hombre que se recuesta sobre el extremo izquierdo adversario. Yo pido la pelota cuantas veces puedo. La posibilidad que me la den tiene como ventaja el no perderla, y para mi, el poder propiciar, entregándola con la mano, un nuevo avance de mi equipo.

-¿Por qué salís tanto del arco?

 

– Solo cuando estamos dominando. Avanzan todas las líneas y no puedo quedarme a riesgo de pagar tributo a una ingenuidad inadmisible. El arquero, con las ventajas del reglamento, puede jugar hasta la línea del área sin inconvenientes. Y hasta ahí me arriesgo, procurando en la presunta cortada ganarle al delantero en la intención. Trabarlo antes de que domine la pelota, porque si lo logra entonces si estoy perdido. Por eso me tiro a los pies, manoteo, procuro molestar, porque con todos esos recursos provoco inseguridad, inestabilidad en quien va a hacerse de la pelota; la demora no solo me favorece, sino que toda la defensa tiene tiempo para retroceder y cubrir claros.

-¿Consideras imprescindible la agilidad?

– No y si. Depende. Para quienes actúan entre los palos es muy necesaria por los enormes claros que ofrecen, especialmente los ángulos altos. En cambio para quienes salen colaborando con los defensores, moviéndose en el área, no, pues cierran notablemente las dimensiones del arco, achicándolo. Ahí la agilidad se tipifica al recurso del movimiento de manos o piernas.

-¿Ves los goles?

Clarísimo. Por eso muchas veces me quedo parado. Tirarse vanamente sabiendo a ciencia cierta lo imposible de alcanzar siquiera a tocar la pelota es absurdo, tonto. La calificación del público vale como opinión no como concepto. Algunos goles, aparentemente bobos, son todo lo contrario. Dependen desde donde los miren. Lo ideal seria mirarlos desde el propio field. Muchos goles pese a dolerme íntimamente, no me afligen porque los canto apenas salen del pie; por eso la razón de ningún movimiento o esfuerzo para evitarlos.

-¿Quiénes patean fuerte?

– Todos sin excepción. Pero de ahí a perforadores, rompedores de redes, destrozadores de travesaños, hay un abismo de diferencia y de distancia. Únicamente un superdotado, en condiciones especiales, podría hacerlo, y yo, esta bien que hace poco que actúo, todavía no los he conocido. Supe de anécdotas pero sin entrar a analizar otros factores que hacen al presunto fenómeno. Todo, no lo dudo, es posible. ¿Algo más?

-Si Néstor

– A muy poca gente se le ha ocurrido pensar algo que es común en los entrenamientos.

Tomemos como ejemplo un partido en que un equipo es totalmente dominado y cuyo arco atraviesa por innumerables situaciones apremiante, angustiosas. ¿Cuántos remates de gol pueden producirse? Menos de cincuenta, si tomamos como promedio el tiempo de duración del partido y las lógicas interferencias, obstrucciones y taponamientos de pelotas. En entrenamiento los jugadores, tanto defensores como atacantes, pelotean a un arquero desde todo ángulo y distancia haciéndolo con pelotas libres hasta facilitadas para ampliar en el voleo o sobre pique la potencia. Ahí si que van mas de cien pelotas al arco y no se conocen casos al menos los ignoro, en que se hayan roto redes o travesaños. En eso baso una razón que contra ciertas opiniones justifica que los físicos de los arqueros; el mío propio, no sean un exponente de Tarzán ni nada parecido.

-¿Cómo ves el futuro de nuestro futbol?

– Si continua como hasta ahora incierto. Existe un supermanifestado afán por ganar y temor a perder. El juego se ha hecho receloso y el futbol una expresión mas comercial que deportiva. Es lamentable que no se vire violentamente hacia rumbos de recuperación teniendo como tenemos, todo lo necesario, especialmente material, dúctil adaptable, maleable, inteligente. Los sistemas han contribuido enormemente a que el espectáculo decaiga, en especial el de marcación. Antes un medio, un half, controlaba a un ala complementándose con el zaguero y haciendo un juego de ronda con lucimiento de hombres defensivos, y eso que no se tenia, ni remotamente el estado físico actual. Intentar reimplantarlo seria conveniente aprovechándose la ventaja de los entrenamientos intensos y la disciplina dominante en muchos equipos. No cuesta nada el ensayo y resultaría algo así como reencontrarnos con un viejo y querido amigo.

-¿Qué club te gustaba?

-Y me sigue gustando…. Boca Juniors. Pero no tiene importancia. Son cosas inolvidables de otros tiempos que siguen firmes aunque no tan arraigadas. El cariño por la divisa que uno defiende empalidece los recuerdos. Además, el profesionalismo con sus obligaciones hace que ciertos hinchismos o fanatismos queden relegados, pero no definitivamente ocultos.

-¿Trabajas mucho?

– En la cancha lo necesario, pero más fuera de ella. La disciplina propia, conducta y responsabilidad emanadas de la condición de jugador en quien descansa la confianza de compañeros, técnicos, asociados y jugadores, es necesaria y la aplicación de medios para no variar los objetivos mirando progresistamente a un rumbo que debe ser el norte, lo indicado si se quiere llegar…

-¿Crees que has llegado?

Recién comienzo y todo en mi esta por hacerse. No es modestia absurda, tonta o pretendida, sino la verdad autentica. Es mi manera de pensar y ser. Lo dejo y gracias por haberme acompañado para hablar de futbol, que es algo así como una pasión para mí.

Raúl Goro

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